Violencia de Género

Se incrementaron las denuncias en varios países, tanto las hechas a través de las líneas

telefónicas específicas como las realizadas por vecinos y familiares y no por las víctimas encerradas en sus casas. En otros países, durante el confinamiento, disminuyó el número de denuncias debido a que las víctimas convivían con su agresor y no disponían de algún lugar dónde refugiarse para evitar mayores agresiones o el feminicidio.

Durante el período de restricción de circulación y cuarentena, la falta de presencia del Estado en el territorio dificultó la huida de las mujeres en situaciones de violencia doméstica.

También se debilitó la asistencia psicológica y social por la imposibilidad de acceder a dichos servicios.

Al ordenarse el cierre de escuelas, iglesias y centros de ayuda públicos y privados, las

mujeres -ancianas, adultas y niñas- perdieron los espacios de expresión, escucha, contención y apoyo. El no poder desarrollar en dichos ámbitos su dimensión espiritual, contribuyó a incrementar el dolor y la angustia.

Las denuncias abarcan violencia física, psicológica, económica y simbólica, además de la ejercida por el Estado al no cumplir con sus obligaciones y la sufrida en el ámbito laboral.

Puntualmente durante el primer año de pandemia: en Brasil, el 25% de las mujeres mayores de 16 años sufrió algún tipo de agresión (35.2% de aumento), 5 de cada 10 brasileños han visto a una mujer sufrir violencia, 46,7% de las víctimas también perdieron su empleo y comenzaron a consumir más alcohol; en los pueblos indígenas de Guatemala, desde el inicio de la pandemia, aumentaron los embarazos de niñas a partir de los 10 años; en Venezuela, aun cuando faltan datos estadísticos, se estima que el feminicidio se ha quintuplicado.